Tras un pequeño paseo por el hospital forense, mi escritorio estaba lleno de sangre, trozos de trapo, tubos quirúrjicos, bisturíes, agujas, alfileres e hilos; y yo me limpiaba el sudor, satisfecho por haber finalizado mi nueva creación.
Esta empezó a corretear por toda la habitación agitando sus brazos y sin parar de gritar. Se le saltaron algunas costuras, pero no pude volver a dormirle
Me limite a hacerle una pequeña camita en un cajón.